El taller Cerámica Cumella ha finalizado su participación en uno de los proyectos más emblemáticos de la arquitectura contemporánea: la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia. Esta intervención, de una escala excepcional, pone en valor la unión entre artesanía, innovación material y arquitectura en un contexto de gran relevancia histórica y cultural.
La actuación ha abarcado tanto el interior como el exterior de la torre, donde cada pieza cerámica ha sido elaborada con un cuidado minucioso, reflejando el compromiso del taller con la precisión, el material y el legado arquitectónico de Antoni Gaudí.
En el exterior, el revestimiento cerámico de la cruz que corona la torre ha sido íntegramente producido en los talleres de Cumella. El conjunto está compuesto por más de 15.000 piezas, con más de 500 variaciones distintas, diseñadas específicamente para adaptarse a la compleja geometría de la estructura. Para su acabado se han empleado siete tonalidades diferentes de blanco, generando sutiles variaciones cromáticas que interactúan con la luz y enfatizan la dimensión escultórica del conjunto.
En el interior, la intervención alcanza una escala sin precedentes con la creación de un mural cerámico de más de 50.000 piezas pintadas a mano, configurando una superficie continua de aproximadamente 60 metros de altura. Este mural, concebido como una representación del firmamento, despliega una gradación cromática en cerámica esmaltada, donde cada pieza ha sido trabajada artesanalmente para responder a la compleja geometría gaudiniana y a las condiciones cambiantes de la luz en el interior de la torre.
Considerado uno de los mayores murales cerámicos realizados desde la antigüedad, este proyecto destaca por su carácter artesanal y su precisión técnica, donde cada detalle —desde el color hasta la textura— ha sido cuidadosamente desarrollado.
La intervención de Cerámica Cumella en la Torre de Jesucristo representa una oportunidad única para aplicar el conocimiento acumulado del oficio en una obra de enorme escala y significado. Su participación refuerza el papel de la cerámica como un material contemporáneo capaz de dialogar con la historia, la luz y la arquitectura, consolidando su vigencia en proyectos de alta complejidad.



