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Apuntes sobre un modelo catalán de Hospital / Arquitectura asistencial, por Emili Donato

¿Qué parte de mérito tiene la arquitectura cuando se valora la asistencia sanitaria? Si la salud se mide en expectativa de vida y el nivel de vida en metros cuadrados de edificios sanitarios por habitante, en España hemos mejorado mucho en los últimos años, aunque le duelan tanto las cuentas en este momento a las administraciones de las comunidades autónomas. Emili Donato repasa la evolución de la arquitectura asistencial moderna en España, especialmente del distinguido modelo catalán.

 

Cuando se habla de un modelo de hospital, catalán u otro, se tiende a imaginar un edificio tipo, programado y proyectado de una vez por todas -de circunstancia o lugar- que se repite como referente de una determinada política sanitaria.

Por el contrario, nada más alejado de la repetición de un tipo arquitectónico que la ejecución del gran número de notables construcciones de variado programa asistencial-hospitalario, construidas en Cataluña a partir de la autonomía de gobierno de 1982. Más bien podría darse una paradójica e inversa actitud crítica, por la carencia de ciertas pautas precisamente tipológicas. La dispar valoración de edificios hospitalarios con unidades de enfermería bilaterales o unilaterales, en cuanto a su desigual funcionalidad asistencial y económica, deberían exigir un criterio unívoco.

No hay pues una tipología o modelo catalán de arquitectura asistencial sino más bien una gran liberalidad en los criterios concursales, los cuales generan globalmente la gran riqueza arquitectónica de los hospitales catalanes de los últimos treinta años. Éstos están funcionalmente acreditados por el cumplimiento de los planes funcionales y las directrices de diseño, redactados por los equipos técnicos del Servicio Catalán de la Salud.

El modelo catalán de hospital es en realidad un modelo conceptual definido por un sistema de características que pocas veces pueden asociarse a un prototipo a repetir en los más diversos territorios y contextos urbanos; como eran en cambio y por lo general, los enormes hospitales del INSALUD, bajo la dictadura, con materiales y color uniformes, de gran altura en solares insuficientes y siempre insensibles hacia su entorno urbano.

Baste comprobar el lamentable impacto paisajístico y la rigidez tipológica y funcional de la implantación y de la tipología arquitectónica del hospital general de la Vall d’Hebrón en Barcelona, para entender el rechazo casi instintivo de la nueva administración democrática catalana hacia la elaboración de cualquier “otro modelo” y su aplicación invariable en todo el país.

Pero hay más: en Cataluña desde el principio de la autonomía imperó como uno de los criterios básicos de decisión proyectual el de una respetuosa y dialogante integración en el medio ambiente paisajístico o urbano en el que se implantan los nuevos hospitales, siempre de potentes dimensiones respecto de su contexto local.

“La nueva arquitectura sanitaria, antes que sanitaria es arquitectura, el adjetivo es un añadido que califica y exige aspectos funcionales, pero nunca cuestiona el hecho arquitectónico en si mismo”, según palabras de Francesc Pernas, responsable del primer servicio de arquitectura del ICS (Instituto Catalán de la Salud) en los primeros 80. Tal como se tradujo en la fina sensibilidad de impostación paisajística del hospital de Mora d’Ebre, del cual Pernas era el padrino político y los autores de sobra conocidos. (1)

(1) Antonio Martínez Lapeña y Elías Torres Tur

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Por tanto, el modelo catalán de arquitectura asistencial se trata de un modelo en el que el enunciado del contenido de la forma, y no esta en sí misma, es el objetivo y la guía de la decisión proyectual. Unos enunciados que dan lugar a respuestas morfológicas diversas, pero que tienen en común, no lo “típico”, sino su contenido de uso; no la receta sino su ideada experiencia espacial, formal o medioambiental; ideada o mejor imaginada en el sentido preplatónico de forma o figura característica; por tanto idea no reducida a lo formal, y no a lo abstracto o conceptual.

Entre estos apuntes sobre un supuesto modelo catalán no está de menos recordar que Cataluña desde mediados del siglo XIX disponía ya de un amplio repertorio de pequeños hospitales públicos, de muy diversa titularidad: municipales, religiosos, mutuas de base industrial, consorcios locales, fundaciones público-privadas, etc., además una serie de acreditadas clínicas privadas.

Este agregado institucional cubría una dispersa localización geográfica, pero no respondía a una estructura territorial preconcebida desde instancias políticas superiores. No obstante fueron los últimos gobiernos de la Generalitat republicana quienes diseñaron un primer “mapa sanitario de Cataluña” de base comarcal, como marco de una futura planificación hospitalaria del país.

La guerra civil truncó el proyecto y los vertiginosos cambios demográficos posteriores forzaron la adopción del citado modelo concentracionario del INSALUD, tomado de modelos de origen inglés, los cuales fueron aplicados indistintamente a escala estatal.

Por tanto Cataluña, en el despertar democrático de los 80 disponía de una estructura sanitaria en cierto modo dual: la tradicional y la heredada del impacto social de la primera revolución industrial, de escala intermedia; y de otra más reciente de gran escala que pretendía responder a los fuertes desequilibrios demográficos y locacionales de los años 60-70 del pasado siglo.

La primera era muy rica y diversa institucionalmente y la segunda uniforme, de gran tamaño y alta capacidad técnica. De otro lado y a pesar del uniformismo político de la dictadura y sus modelos, Cataluña no era un erial en el campo de las ideas como lo prueba, entre otros, el trabajo anticipador de los médicos Ignasi Aragó Mitjans i Carles Soler Durall, poniendo al día el primero, las ideas sobre las estructuras sanitaro-asistenciales en el campo de la sanidad pública, y en el campo de la sanidad privada, el segundo.

Dos “visionarios” aparentemente fracasados en cuanto a protagonistas personales de la aplicación práctica de sus ideas, aunque no pocas de éstas fueron luego desarrolladas por la generación que asumió responsabilidades sanitarias en el campo público y en el privado a partir del nuevo marco democrático.

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En resumen:

“a comienzos de los años 90 el departamento de Sanidad y Seguridad Social de la Generalitat de Cataluña impulsó la Ley de Ordenación Sanitaria de Cataluña (LOSC), la cual recogía los principios objetivos del modelo sanitario catalán y consolidaba un modelo diferenciado del resto del Estado… El modelo arquitectónico que se desplegó a partir de estos años daba respuesta a las exigencias derivadas de los principios recogidos en la LOSC que podrían resumirse en: la apuesta por la integración, la descentralización y desconcentración de los servicios, la superación de las desigualdades territoriales y la homogenización de las prestaciones” (2)

(2) Pilar Boixareu i Gomá, documentación del Servei Català de la Salut

De aquel proyecto de planificación y desarrollo comarcal y del ideario de aquellos dos médicos, provienen dos conceptos paralelos y básicos de un modelo catalán de construcciones sanitarias: La Red Hospitalaria de proyección geográfica y su paralelo de Red jerarquizada por niveles de complejidad de los programas de hospitalarios. Ambos nacen de un principio nuclear: el de “acercar la sanidad y los servicios hospitalarios al ciudadano”.

Esto conduce, por poner un ejemplo significativo, a la concepción de los CAP o Centros de Asistencia Primaria, de los cuales se han construido casi trescientos por toda la geografía del país. Si existe un paradigma del modelo catalán de arquitectura residencial estaría bien representado por esta pequeña pieza básica de la asistencia sanitaria, (1.000 a 2.000 m2), que reafirma aquel principio de acercar los servicios asistenciales a la ciudadanía.

En cuanto a la Red en sentido programático, se estructura actualmente como sigue: el Hospital Universitario altamente especializado (4 en el área metropolitana de Barcelona y otros 3 en las restantes provincias del país); el Hospital de Referencia (entre 25.000 y 50.000 m2) para una población entre 50.000 y 250.000 hab., según su grado de aislamiento geográfico, y construidos en las denominadas ciudades intermedias: Mora d’Ebre, Vilafranca, Mataró, Puigcerdà, Igualada, Granollers, Girona, Reus, Viladecans, Sant Joan Despí, Terrassa, etc.; el Hospital de Proximidad, de acusado servicio ambulatorio y entorno a los 10.000 m2 y el CAP. A estos hay que añadir los centros sociosanitarios, los de salud mental y cada día más las residencias asistidas de la tercera edad.

En este sentido señalemos que en Cataluña ya no se construyen, como todavía ocurre en el resto del Estado, verdaderos gigantes hospitalarios de hasta 350.000 m2 (Toledo, Oviedo, Valencia, Cartagena, Lugo, etc.) difíciles de gobernar y que por su alcance territorial difícilmente se caracterizan por aquel presupuesto de “acercar la sanidad y el servicio asistencial al ciudadano”, como lo procura la densa red sanitaria catalana. En este campo la teoría de las economías de escala no tiene traducción equivalente en términos de fácil accesibilidad al servicio prestado.

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En cuanto a las características arquitectónicas de una supuesta tipología general de los hospitales construidos en Cataluña en los últimos 30 años, podrían estas resumirse en:

  • Un diseño morfológico de baja densidad edificatoria, en acusada disposición horizontal, siempre organizada alrededor de patios generosos y con una fluida relación visual entre interior y exterior. El primer hospital de la Generalitat de este modelo conceptual en Mora d’Ebre, ya introducía estas características con un delicado y mínimo impacto morfológico sobre el paisaje natural. Ya sólo esta característica hace los edificios más amables y de poco impacto arquitectónico en el contexto urbano de aquellas ciudades intermedias catalanas.
  • La optimización de la luz y la ventilación naturales en todos los servicios que así lo permitan tanto los de asistencia al usuario como en los de trabajo del personal. La conciencia de que la luz cualifica los espacios y de que el modesto diseño de la ventana de la habitación del enfermo puede mejorar o empeorar la vivificante relación visual del paciente con el exterior, desde el reducido habitáculo de su habitación, será en palabras de Albert de Pineda una exigencia de la arquitectura de la salud que remite así a una funcionalidad concreta y no abstracta, humanista y no mecanicista.
  • La integración y el diálogo entre el espacio hospitalario y el espacio público en los ámbitos que así lo permitan, es decir la ruptura del viejo mito negativo del hospital alejado de las zonas residenciales y a favor de reducir los límites entre los respectivos ámbitos público y hospitalario, hasta conseguir que algunos espacios intermedios logren carácter de espacio público en el que tiendas y peatones se mezclen con los usuarios, sus familiares y el personal: como ocurre en la galería de acceso del Hospital del Mar de Barcelona.
  • La transparencia hacia el espacio exterior procurando la presencia visual de éste y/o hacia los patios ajardinados interiores. La disposición óptima es la de un parque sanitario y urbano en el que coexistan varios edificios de la red asistencial local, como ocurre en Salt (Girona).
  • La tendencia a medir los recorridos internos del hospital, por el grado de satisfacción ambiental en lugar de medirlos por metros o minutos de forma mecanicista. No es hoy infrecuente, por imposición de ciertos programistas y/o consultores especializados, tratar el edificio como un complejo mecanismo industrial, de funciones abstractas en cierto modo productivistas. Un mecanismo que fuera vivido por autómatas deshumanizados, aunque eficientemente servidos, en lugar de pacientes en un estado anímico de inferioridad psíquica, que necesita algo más que tratamiento de alta tecnología médica.

Por todo ello cabe hablar de humanización cívica e incluso doméstica de los espacios interiores o intermedios y de conexión con el exterior como expresión del rechazo a una concepción de lo hospitalario como “máquina de salud” dotada de una eficiencia tan solo mecanicista en la que resuena además el eco falsamente progresista de aquella arquitectura del “entorno” bien climatizado del Sr. Reyner Banham y la racionalidad métrica de una salichkeit mal entendida.

Artículo Reflexiones sobre Arquitectura de arquitectura asistencial publicado originalmente en conarquitectura 39, número sobre arquitectura asistencial.
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