Si hay algo que distingue la labor del arquitecto es la de estar siempre dispuesto a dar liebre por gato. Cuando Carlos de Riaño, al frente de riaño arquitectos, recibe un encargo, tiende a transformar problemas en soluciones. Soluciones para el cliente, para la persona que utilizará o mantendrá el edificio, pero, ante todo, las mejores soluciones para la ciudad. Desde el rigor geométrico que va más allá de la composición de las fachadas, todas sus intervenciones consiguen mejorar las preexistencias, con decisiones que se fundamentan en un proyecto definido con lenguajes y materiales contemporáneos. El trabajo de Carlos de Riaño es, por lo tanto, la demostración de que el proyecto, por sí mismo, es una especie de patrimonio inmaterial, un conjunto de conocimientos y técnicas que se transmiten y que van diseminando orden en el caos que caracteriza el crecimiento (cambio) de una ciudad, “pongamos que hablo de Madrid”.

Enrique Sanz: Publicamos en las siguientes páginas una de tus últimas obras. Una intervención en el solar del antiguo Colegio Alemán de Madrid, para un edificio administrativo y docente de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Como pienso que es una obra complicada, pero que la has resuelto muy bien, quería utilizarla como ejemplo para hablar de una cierta especialización de tu estudio en proyectar sobre preexistencias. ¿Cuál es tu opinión sobre la preservación del patrimonio arquitectónico y cómo se puede equilibrar con la necesidad de desarrollo urbano?
Carlos de Riaño: Tienes razón en que con frecuencia proyectamos sobre preexistencias y debo decirte que nos ayuda para encontrar una base de partida en el inicio del proyecto y es un cierto acompañamiento ante la soledad del papel en blanco.
Este caso lo enmarcaría más bien en la sustitución de un edificio, con un entorno construido inmediato a considerar, tratando de alterar lo menos posible la disposición de volúmenes en la propia parcela y que produzca el menor impacto en el paisaje urbano.
El complejo educativo tenía setenta años de vida, estuvo cerrado más de una decena y si bien otros pabellones, sobre los que no hemos actuado nosotros, tienen unas plantas mas flexibles con capacidad para acoger usos distintos al de un colegio, el que fue objeto de encargo tenía un sistema constructivo a base de muros de carga y losas con distribuciones muy rígidas, a lo que había que sumar un deficiente estado del hormigón, del ladrillo y la obsolescencia de instalaciones y aislamientos.
Me he salido un poco de la pregunta, pero tenía que hacerlo. Te contesto y mi opinión sobre la preservación del patrimonio es que en ningún momento tiene que estar, por supuesto, reñido con el desarrollo urbano. Soy un firme defensor del patrimonio heredado, como queda demostrado en mi carrera profesional, pero no todo lo viejo –digo viejo, no antiguo– debe conservarse. Creo que el nivel arquitectónico no es bueno y en muchas ocasiones una arquitectura modesta y sin protección es mas digna que lo que se va a construir.
Aquí podemos chocar con el “fachadismo”, es decir, el mantenimiento de una fachada, demoliendo el interior; hago esta aclaración, conveniente en los tiempos que corren.
Es muy frecuente en edificios de nueva planta, levantados en cascos históricos y ensanches que el arquitecto deba guiarse por una normativa municipal que marca las proporciones de los huecos, posibilidad de balcones y miradores con unas determinadas directrices, acabados de fachada, aleros…, dando en algunos casos resultados patéticos. Si comparas el resultado con lo que hubo, en muchos casos la vieja construcción gana por goleada.
Muchas ciudades van agotando sus suelos urbanizables y los nuevos barrios van llegando a sus límites. Hace tiempo que llegó la rehabilitación y revitalización de los cascos históricos que también es una forma de desarrollo urbano. En el caso de Madrid, corresponde a Ayuntamiento y Comunidad velar por ello con actuaciones ejemplares de calidad arquitectónica que lamentablemente no son abundantes.
Madrid es una ciudad donde, por antigüedad, se ha construido mucho. ¿Qué invariantes detectas en su arquitectura que hayas trasladado a tus obras? Y, como arquitecto, ¿cómo crees que la identidad cultural de Madrid se refleja en su arquitectura?
Convendrás conmigo que Madrid, comparada con otras capitales, no tiene una rica historia arquitectónica. Dentro de los antiguos recintos murados y de la cerca de Felipe IV, quedan muy pocos edificios monumentales. Iglesias contadas y con verdadera categoría palaciega solo el de Liria, descontando el de Oriente que es de lo mejor de Europa. Madrid no tiene edificios residenciales en superficie y calidad de materiales como puedes ver en París, Londres, Viena o Milán, pero sí tenemos una arquitectura que me parece ejemplar.
Cuando ves una documentación en el Archivo de la Villa, de un determinado edificio, te sorprende lo escasa que es. Los colegas que nos precedieron en varias generaciones despachaban el proyecto con un alzado, una planta y dos hojas de memoria. Ves el resultado construido y es magnífico. Había oficio y artesanía, con albañiles que eran verdaderos alarifes, carpinteros y herreros que dibujaban y presentaban propuestas de puertas y barandillas. Verdaderos virtuosos.
Nuestro tiempo nada tiene que ver, casi nadie dibuja, pero esa tradición del elegante hueco vertical, aparejos de ladrillo, y ese funcionamiento “bioclimático y sostenible” de sus fraileros de madera exteriores, miradores acristalados y patios interiores de fresca ventilación es muy difícil no haberlo considerado en algún momento.
Para mí la identidad cultural de Madrid es el modesto ladrillo y, como ejemplo, el Prado, la Casa de las Flores, Sindicatos y Bankinter. El resto de la pregunta creo que ya ha sido contestada.
¿Cómo dirías que ha cambiado el panorama arquitectónico (la profesión, la práctica profesional) desde que comenzaste tu carrera hasta ahora?
Pertenezco a una generación que ya no lo tuvo nada fácil, o tenías padrinos o te hacías funcionario.
Recién colegiado, en los primeros años de la democracia, las administraciones encargaban proyectos a mansalva y a dedo, pero había que tener influencias políticas. Yo no las tenía y tuve la enorme suerte, al poco de terminar, de formar equipo con Asís Cabrero y con su hijo José y participar en el concurso del Centro Cultural Islámico de la M-30. Experiencia inolvidable con el maestro.
El buen resultado destacado por la crítica y concretamente por Antón Capitel en la desaparecida revista Arquitecturas Bis me animó a seguir intentándolo y seguir un camino profesional del que nunca me he apartado. Muchas participaciones y pocos premios, pero esa es la estadística.
Sinceramente creo que hemos ido a peor y el propio comportamiento deontológico deja mucho que desear. Dibujábamos más, que es lo que tiene que hacer el arquitecto, y no tantas gestiones, teléfonos, videoconferencias y la permanente emboscada de las normativas que llegan a agobiarte en las tramitaciones urbanísticas y en algunos casos a arruinar a tu cliente.

Llevas unos años aportando tu experiencia y criterios al COAM, por tu implicación en la Oficina de Concursos, tratando de explicar a las administraciones la mejor manera de aprovechar la capacidad de propuesta de los arquitectos. Es decir, intentas hacer “evangelización” sobre cómo deben organizar los concursos de arquitectura. Has expresado tu opinión sobre el estado de la cuestión, resumida en 8 líneas concretas que afectan a las convocatorias (fases, solvencias técnica y económica, plazos, jurado, valoración, premios y honorarios). ¿Qué puntos a aplicar te parecen más urgentes para que cambie la tendencia y que en general las distintas administraciones organicen mejores concursos?
Soy un espíritu bastante libre y nunca he estado a sueldo de nadie. Cuando la actual Junta de Gobierno –por cierto, muy profesional y con un Decano que preside con la edad adecuada y la experiencia acumulada– me pidió hacerme cargo de la Oficina, después de una reflexión decidí aceptar con unas condiciones básicas para la convocatoria de concursos, además de codirigir con nuestro compañero Fernando Manià:
- Honorarios profesionales en torno al 6/7 %.
- Tiempo para entregar propuestas 3 meses mínimo.
- Jurado profesional con 2 arquitectos de reconocido prestigio.
- Desarrollo del encargo en misión completa.
- No existen bajas económicas.
Después de dos años hemos comprobado que las administraciones son muy reacias a convocar concursos en esas condiciones. El COAM acaba de presentar una publicación con el resumen de los trabajos llevados a buen término y verdaderamente son pocos los ayuntamientos que nos han acompañado en esta andadura.
Es sorprendente el caso de Madrid, con inversiones muy importantes en edificios y espacios públicos, en donde aún no hemos podido rematar ninguno. Parece que se van a firmar dos inmediatos con el Área de Gobierno de Obras y Equipamientos, pero de la Comunidad ni noticia. Esto queda patente en bienales de Arquitectura con muy escasa selección en Madrid.
Como he comentado, para mí fue el acceso al ejercicio de la profesión y sigue siendo para muchos la única manera de entrar. Hace años con menos presupuestos en las administraciones se hacían más y en muchos casos sin exigencia de solvencia.
La solvencia es un punto delicado porque muchos posibles convocantes se escudan en ella alegando adjudicaciones a equipos sin experiencia que han disparado los presupuestos y han supuesto retrasos y encarecimientos. Como en cierto modo se puede entender, hemos conseguido que se acepten equipos de varios arquitectos, en los que solo uno cumpla la solvencia, que siempre tratamos que sea la menor.
Creemos además que estas colaboraciones pueden enriquecer las propuestas y que serán los jurados profesionales los encargados de no premiar soluciones fuera de la realidad presupuestaria, constructiva y urbanística.
Debería contarse con una revisión de la Ley estatal y que fuera de obligado cumplimiento con un protagonismo de los Colegios y el fundamental del Consejo Superior y naturalmente del actual Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible y de Vivienda y Agenda Urbana, o como se llame cuando se decida, que seguramente tendrá aún un nombre más largo.
Yo diría que tienes un conjunto de obras que definen una manera de entender la arquitectura, y que sin duda son referencias que motivan e inspiran. ¿Qué/quién te inspiró para convertirte en arquitecto?
Yo fui un niño aplicado que se lo pasaba muy bien. Como era fino dibujando, pronto surgió el consabido “este niño tiene que ser arquitecto”. El antecedente de mi hermano mayor, el clima cultural de mi casa y la disponibilidad de una buena biblioteca que me ilustraba, me llevó por estos caminos.
Curiosamente en Preu, en el psicotécnico para ver las tendencias, no apareció primera Arquitectura. Fue Dirección de empresas e ICADE. Muchas veces he pensado que si hubiera dedicado las mismas horas a una buena oposición o a un banco, estaría hace tiempo disfrutando de una prejubilación de oro. Eso sí, hubiera disfrutado menos y no sería tan feliz.

¿Cuál es tu opinión sobre la llamada “sostenibilidad” en la arquitectura y cómo la has integrado en tus proyectos? Y en relación con este tema, trabajas habitualmente con JG ingenieros, ¿en qué fases entra a dialogar en tus proyectos el espacio con las instalaciones?
Pues lo de la “sostenibilidad” está muy bien, pero las arquitecturas vernáculas siempre fueron “sostenibles” y los edificios bien construidos también. Alguna alusión he mencionado hablando de la arquitectura de Madrid.
Naturalmente que la he integrado. Estudio la posición conveniente, la naturaleza o el entorno urbano, las orientaciones, vientos dominantes, vistas… Abro cuando procede y cierro cuando es menester. Materiales naturales y perdurables. Me preocupa el envejecimiento de los materiales, su repercusión en el medio ambiente, y también el envejecimiento de la Arquitectura. Hay muchos edificios de arquitectos de mi generación y posteriores que no soportan el paso del tiempo.
Mi colaboración con JG Ingenieros, en donde destaco la personalidad de Emilio González, es larga. Las instalaciones son como los coches, cada día mas grandes.
¿Por qué este in crescendo en la era de los microchips?
Hay que empezar a dialogar desde el principio y no olvides que para las licencias municipales ya exigen la presentación de un básico de instalaciones y el requerimiento habitual y lógico de las Comisiones de Patrimonio sobre la ocultación de la maquinaria exterior.
Como alguien con experiencia en la industria, ¿qué consejos darías a los jóvenes arquitectos que están comenzando su carrera hoy en día?
Al que tiene vocación, por supuesto le sigo animando que persevere. La situación es difícil, somos demasiados y conozco bastantes casos de abandonar el ejercicio y orientarse hacia otros trabajos, menos intensos y mejor pagados.
Me parece ineludible el paso durante unos años por un estudio reconocido, grande o pequeño, pero que se aprenda, nacional o internacional.
Los españoles estamos valorados fuera y la profesión mucho mejor pagada.
Llegará un momento en que hay que volar solos, los concursos son un buen inicio siempre y cuando logremos encauzar a todas las administraciones. Que trabajen, no desfallezcan y no olviden la mano pensante.
Esta entrevista a Carlos de Riaño está publicada originalmente en conarquitectura 89. Consigue este o cualquier número de la revista en la tienda online.
Puedes leer más artículos aquí.
Fotografía del artículo: © Alfonso Quiroga