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Una arquitectura sencilla y constructiva / Luis Cubillo y la iglesia de Nuestra Señora de las Victorias en Madrid (1959), por Jesús García Herrero

Entre mediados de los años 50 y principios de los 60 del siglo XX, el arquitecto Luis Cubillo proyectó un importante número de edificios de indudable interés. Aunque su nombre está ligado a la vivienda social madrileña, con trabajos como el poblado dirigido de Canillas o el poblado social mínimo de Vallecas, sus poblados para peones camineros o su arquitectura religiosa son también muy reseñables. De esta última existe una serie de proyectos desarrollados entre 1955 y 1961 en los que el arquitecto fue depurando la relación entre forma y construcción hasta llegar a la identificación total que se dio en la iglesia del Poblado Dirigido de Canillas (1961). Los proyectos incluidos en este grupo son los de las iglesias de San Pío X, en la Línea de la Concepción (1955), Purificación de Nuestra Señora, en San Fernando de Henares (1959), Nuestra Señora de las Victorias, en Madrid (1959) y San José, en Ceuta (1960).

En todos ellos Cubillo repitió, con ligeras variaciones, una parte de la memoria del proyecto que evidenciaba su planteamiento general:

Hemos estudiado una solución que, aparte de su funcionamiento, sea fiel expresión del uso al que se destina y sencilla y constructiva como corresponde a la Verdad. Quisiéramos haber conseguido un edificio bello y que en los fieles produzca una emoción y un recogimiento de orden espiritual. Todos los materiales que empleamos serán al descubierto, adecuadamente tratados pero con su estupenda bondad. (LCA/D060)

El proyecto del centro parroquial de Nuestra Señora de las Victorias, finalmente no construido, reviste especial interés por su condición de aglutinante de soluciones ya experimentadas por Cubillo en proyectos anteriores y de propuestas que materializaría pocos años después.

El arquitecto proyectó en sus primeros años de profesión pequeñas iglesias rurales para la Dirección General de Asuntos Eclesiásticos, organismo vinculado al Ministerio de Justicia. En 1956 recibió el encargo de proyectar un templo de mucha mayor entidad en Cadreita (Navarra), que resolvió con una planimetría muy ortodoxa, con una nave central flanqueada por naves laterales de menor altura. Sin embargo, formalmente existía una tensión no resuelta entre elementos tradicionales, como los grandes rosetones de la fachada principal y los testeros, y los modernos huecos de proporción horizontal dispuestos en el encuentro entre las fachadas y la cubierta.

Pero si algo caracterizaba la iglesia de Cadreita era la notable calidad de los distintos aparejos de su ladrillo pajizo. Si en los paños exteriores donde se situaban los rosetones se recurrió a un sencillo aparejo a tizón, en el resto se alternaron las hiladas a soga y tizón. En estas, el sucesivo retranqueo puntual de los ladrillos en tres hiladas consecutivas (un tizón, una soga y un tizón) generaba rehundidos con forma de cruz con los que se tapizó la totalidad de cada paño.

Por último, Cubillo recurrió a un aparejo tridimensional para las dos torres que flanqueaban la entrada: cubos de ladrillo de cuatro hiladas de altura se alternaban en planta y alzado con un desfase de medio pie, generando un poderoso efecto de claroscuro. No es difícil detectar en este proyecto la evidente influencia de las puntas de diamante de las torres de la Basílica de Aránzazu (1949), siendo además Sáenz de Oíza compañero de Cubillo en la Oficina Técnica de la Constructora Benéfica del Hogar del Empleado en esos años.

Dos páginas del artículo Luis Cubillo y la iglesia Nuestra Señora de las Victorias (1959)

Otro referente de la volumetría de las torres pudo ser la propuesta de Vázquez Molezún para el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid (1951), cuya macla de volúmenes cúbicos era exacta a lo realizado en las torres de Cadreita. Los dos ejemplos citados no hacen sino poner de relieve una de las características más destacadas de Cubillo: su enorme capacidad de asimilación y reutilización de proyectos ajenos y propios.

De esta manera, la esbelta columna1 rematada con una cruz de la parroquia de Nuestra Señora de las Victorias no era sino una reinterpretación de las torres de Cadreita. La genealogía se prolongó en los proyectos de San José en Ceuta y en el Seminario de Castellón, en sendas torres que nunca se construyeron, así como en el frontal del presbiterio de la iglesia del Seminario. Llegó incluso hasta los años 70, en la “columna” de la parroquia de San Fernando (1970) y en la fachada de la parroquia de San Eduardo (1971), ambas en Madrid.

En el proyecto de Nuestra Señora de las Victorias, Cubillo tanteó realizar las fachadas del templo también con este aparejo tridimensional, aunque finalmente optó por repetir el muro tapizado por cruces de Cadreita. A diferencia de ésta, las cruces sobresalían al exterior y se rehundían en el interior, en un cerramiento formado por una única hoja de ladrillo de dos pies de espesor.

La repetición de soluciones también se dio en el planteamiento general del templo, concebido como un contenedor espacial neutro, en este caso un paralelepípedo de 45 x 20 x 12 metros, con iluminación uniforme y en el que la zona del presbiterio se significaba únicamente por su elevación respecto de la zona de los fieles. La solución era similar a la utilizada por Cubillo en las iglesias del Poblado Dirigido de Canillas y de San José en Ceuta, con las que compartía otras características.

En los tres proyectos se manejaban dos escalas diferentes: una doméstica, utilizada en las dependencias parroquiales y extendida hasta la zona de acceso al templo, y otra monumental, que se materializaba de diversas maneras en la fachada principal. Si en Ceuta fue una celosía de piedra artificial con una vidriera posterior y en Canillas una espectacular vidriera triangular realizada por Arcadio Blasco que representaba a San Fernando, en Nuestra Señora de las Victorias Cubillo concibió la fachada como “una oración a María, todo cristal y color dedicado a la Inmaculada”. (LCA/D060)

La implantación de los tres complejos parroquiales también era similar, con la creación de un plano horizontal sobre el que se asentaba el conjunto y en el que se buscaba destacar el rotundo volumen del templo, así como el campanario o la columna como elementos verticales simbólicos. En el caso de Nuestra Señora de las Victorias, el desnivel existente en la calle lateral del solar obligaba a que el acceso principal, situado en la avenida de Infanta Mercedes-calle Dulcinea, se realizara a través de una escalinata.

Dos patios ajardinados, prácticamente de la misma profundidad que la nave del templo, la flanqueaban y eran visibles desde la avenida a través de una pérgola y un pabellón acristalado. Se conseguía así que el volumen del templo quedara prácticamente exento, creándose además una interesante alternancia de llenos y vacíos en su alzado principal. A este se anteponía un espacio previo de importantes dimensiones, que potenciaba su carácter escenográfico y creaba una plaza elevada cerrada en el frente opuesto por unos bloques de viviendas de reciente construcción.

El templo se construía con los citados muros de ladrillo de dos pies de espesor, y su cubierta descansaba sobre una estructura porticada de cerchas tipo vierendeel de 3 metros de canto que salvaban luces de 20 metros, situadas cada 5 metros. La sección longitudinal se proyectó con una cubierta en diente de sierra, en el que las celosías se cerraban con vidrio y los planos inclinados se revestían de madera por su interior.

Dos páginas del artículo Luis Cubillo y la iglesia Nuestra Señora de las Victorias (1959)

De haberse construido, el espacio sacro hubiese tenido muchas similitudes con el que años después construyó Cubillo como salón de actos del Seminario de Castellón, con la misma solución estructural, el ocultamiento de su perfil dentado desde el exterior y la disposición de los planos verticales de vidrio a espaldas de los asistentes. La principal diferencia, frente al ensimismamiento del espacio castellonense, hubiese sido la apertura de uno de los alzados laterales hacia el patio ajardinado.

El volumen resultante tenía una altura de cornisa de 12 metros, 9 correspondientes a la altura libre interior y los otros 3 metros de la cercha. En la fachada el esquema se invertía, soportándose la fachada de vidrio de colores con una cercha de 9 metros de canto, bajo la que se situaba el acceso al templo, que se insinuaba de vidrio. En este caso, la estructura devenía lenguaje formal, obviando un dimensionado estricto. Ese interés por la expresividad del sistema portante se extendía a las triangulaciones que soportaban la cubierta del pabellón de vidrio que flanqueaba el acceso al templo.

La iconografía, tanto de la vidriera del acceso como de las cruces de los muros laterales, otorgaba carácter sacro a un edificio de vocación industrial en el que, sin embargo, el esmerado trabajo artesanal del ladrillo también tenía un papel muy destacado.

Más allá de algunas indefiniciones del proyecto2, Cubillo logró formalizar en Nuestra Señora de las Victorias un conjunto de una radical sencillez, anhelo permanente del arquitecto.

Notas

  1. En la memoria del proyecto, Cubillo especificaba que se trataba de una columna, no una torre, y que representaba la Victoria presente en la advocación del templo (LCA/D060).
  2. Entre ellas cabe citar las de orden constructivo, como el exiguo espesor de la cubierta del pabellón de vidrio del acceso, y las de orden litúrgico, como la indefinición funcional de la galería elevada situada sobre el acceso y prolongada a lo largo de todo el alzado lateral sur, aparentemente sin más función que acotar la  altura del espacio para los confesonarios situados bajo ella. Se descarta su uso como coro, pues éste parecía estar en planta baja, en sendas filas de bancos que flanqueaban uno de los dos altares del presbiterio, en una solución que evidencia el conocimiento de Cubillo de las tendencias vanguardistas de la arquitectura religiosa alemana. La singular posición de los confesonarios también es discutible, dado que se situaron contra los vidrios abiertos al jardín.
Artículo Legados publicado originalmente en conarquitectura 64, número sobre arquitectura industrial y oficinas.
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