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Carme Pinós, Medalla de Oro de la Arquitectura y Premio Nacional de Arquitectura 2021 / por Rogelio Ruiz Fernández

La reciente galardonada con la Medalla de Oro de la Arquitectura, Carme Pinós, fue distinguida por el jurado del Premio Nacional de Arquitectura 2021, máximo galardón otorgado en España en el campo de la arquitectura. Rogelio Ruiz Fernández le rinde homenaje en este artículo sobre su obra.

 

Todo nos imprime huella, me imagino a Carme Pinós de niña acompañando a su padre, el doctor Pinós, al Hospital de Sant Pau, de Domènech i Montaner, donde trabajaba, y ella mirando hacia las bóvedas cerámicas cogiéndole de la mano. Dibujando otros días, quizá. ¡Cuántas cosas ofrece Barcelona para que empiece a volar una cabeza! Vería en su camino la Sagrada Familia y también, cómo no, las escuelas con aquel techo que abandonaba la rigidez de la caja de zapatos, que se ondulaba con superficies regladas (hechas con reglas), que atadas por la geometría escapaban a la propia frialdad de la matemática que paradójicamente las dictaba…

Me la imagino también en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, viendo los muros cerámicos de Coderch hacerse blandos, curvos, agitar el espacio… La vislumbro trabajando en el estudio de Lluís Nadal. Me la imagino, es más, la veo en fotos, paseando con los Smithson, viendo seguro en Oxford el College de Santa Hilda…

Para los que hicimos la carrera en los noventa, el cementerio de Igualada (Miralles-Pinós, 1982-1991) que visité emocionado con mi padre fue un revulsivo, un catalizador que desató multitud de seguidores. Yo estudiaba en Valencia y Enric vino varias veces a exponer la obra del estudio Miralles-Pinós e incluso llevaba algunos finales de carrera en nuestra Escuela. Era arrollador y así proyectos en los que colaboró en el estudio de Piñón y Viaplana aparecían en sus libros como suyos (me refiero al de la italiana Electa, donde, si no leías los pequeños créditos al principio, no existía nadie más que Enric).

Del mismo modo explicaba aquellas maravillosas obras, el instituto La Llauna que visité, los umbráculos de Paret del Vallés, el Círculo de Lectores de Madrid (¡qué desafortunada decisión haberlo demolido!), el Tiro con Arco para la Barcelona 92, la obra de Morella (Premio Nacional de Arquitectura 1995) y el gigante de Hockney. Hacía como si su enorme cuerpo, también gigante, estuviera tirando de aquellos cables del pabellón de Huesca que tantos problemas le dieron…

Parace que el nombre que aparecía para recibir las críticas solo era el de Miralles: poco después del derrumbe, al terminarse el proyecto del pabellón deportivo de Alicante, un crítico de arquitectura en un artículo demoledor, página completa en periódico nacional en Enero del 1994, solo hablaba de él y decía poco más de un año después de cerrarse la relación con Carme Pinós: “Sería paradójico que Miralles a sus 38 años tuviera más pasado que futuro” (¡no sabía que pronto moriría!).

Carme Pinós tenía un papel menos expuesto y así cuando cancelaron su relación profesional quedó un poco apartada por una sociedad que quiere ídolos (no equipos) y si pueden ser varones, pues mejor (y a falta de futbolistas, un baloncestista como él). Entonces vino para ella una época de concursos, como el del Estadio de Punta Umbría (con aquella estructura de nuevo asimétrica…), las viviendas en Nazaret en Valencia, Stadium y piscinas en Mont-Sartoux, el Paseo Marítimo de La Habana…, pero no siempre se gana…

Solo me interesa lo que es original, “original” en el sentido de origen, de refundación, de empezar de nuevo, de remontarse a la fuente, lo que implica la existencia de algo incontrovertible.

Carme Pinós1

Esta fantástica mujer nos sorprendió entonces, ya sola, con una obra “menor”: aquel puente en Petrer (1999), que era como una semilla, allí perdido sobre un descampado y un arroyo seco, como esas naves espaciales de las películas que llegan a un planeta desierto y nos dicen: “oye, aquí dentro hay mucha vida por delante”.

He repasado las fotos de la visita que hice a aquella obra con mi amigo local Luis Fernando Campano Azorín, y veo en la utilización de las maderas, que parece que se mueven, un avance del edificio de la terminal marítima de Yokohama de Moussavi y Zaera (2002), veo en cada parte de aquella barandilla una promesa de frenesí proyectual, un grito expresionista para una nueva etapa. Su obra generó muchísimos seguidores, y la gente que estuvo en su estudio quedó “contaminada de por vida”2. Muy interesante también, y construido, mezclando las pérgolas y curvas con el agua, es el Parque de las Estaciones de Palma de Mallorca.

Luego (2008) la vi “superacelerada” en los Encontros de Santiago de Compostela. En estas conferencias la ciudad acabó siendo realmente Campus Stellae, ya que se llenada de estrellas en aquella cita anual, y que hizo que los Encontros murieran de éxito con su luz3. Carme Pinós ya estaba con el proyecto del edificio Cube (2005), la torre Mexicana que era simplemente magistral (¡tenía acento mexicano en vez de català!). También proyectó Puerta de Hierro en Guadalajara (donde además hizo una propuesta para un área cultural y de negocios).

El Cube lo vi en maquetas en la Bienal de Venecia del año pasado (una de ellas fue comprada por el MoMA de Nueva York). En Madrid, en Open House 2016 ella misma nos lo explicaba así: “las torres, cuando eran más bajas, tenían un patio, luego al ir creciendo no bajaba la luz y hacían falta más necesidades (ascensores, escaleras, instalaciones…), y por lo tanto el patio desapareció. Pero en mi torre mexicana el patio se relaciona con el aire y con todo el exterior”.

Vista de dos páginas del artículo sobre Carme Pinós en conarquitectura 73

Vamos, que le dio la vuelta a lo previsible, como suele hacer. En los proyectos nos decía “nunca hay una página en blanco: hay un lugar, un cliente, unas necesidades, una filosofía propia…” y “mis proyectos van de la estructura a la forma. Un árbol es una estructura y tiene una dignidad y presencia grande, la arquitectura debe expresar esto”.

Yo me acordaba entonces de Aldo Van Eyck y la hoja que contiene la estructura del árbol, además de su afición por estructuras ligeras en aquellas zonas de juego en Ámsterdam que dicen tanto con tan poco (Nieuwmarkt). Nos comentaba Carme Pinós, sin desperdicio, que “un arquitecto está más cerca de un director de cine que de un escultor, debe conocerse muy bien el guion”. Nos decía también que “la buena pregunta lleva dentro la solución”.

Vino hace unos meses a Gijón invitada por el Colegio de Arquitectos de Asturias y en su conferencia quiso fijar un trío: “CONTEXTO-DEMANDA-RESPONSABILIDAD”. “Hacer arquitectura es hacer ciudad”, nos dijo, y “la arquitectura es ACCIÓN, y las acciones siempre producen reacciones…”. Comentó que para quitar pesadez da dinamismo a sus obras. “La arquitectura antigua era más retórica, hoy se busca la plasticidad y abstracción”. Se quejaba en la ciudad asturiana de que “¡hoy en día las fotos parecen renders y los renders parecen fotos!” (lo que me recuerda el libro Pasando a limpio que acaba de publicar Oscar Tusquets, donde dice que su amigo Miguel Milá los llama “horrenders”).

Explicó la Escuela Massana de Barcelona, tras el Mercado de la Boquería. En este proyecto el tema era la escala: confundirla, crear ventanas que parecen de un piso pero son de dos… Tiene seis plantas y 11.000 m2 y no lo parece. El cierre de celosía cerámica es diseño del ceramista Toni Cumella.

Mostró también el proyecto de CaixaForum de Zaragoza, que a mí me parece menos ligero que la Escuela Massana, construido con un planteamiento más conceptual, elemental en su volumen, más escultórico quizá. La Caixa de Zaragoza debía estar vacía en la planta baja para que la gente del barrio obrero de enfrente, siempre separado por las vías del tren que ahora se quitaron, hicieran del edificio la puerta de la ciudad.

También proyectó una deliciosa estructura en Sidney, un pabellón para albergar encuentros al aire libre, y nos contaba, como si fuéramos amigos suyos, sin divismos, cómo al principio no le salía nada, y poco a poco, en los viajes de avión, la idea comenzó a aflorar…

No hay una palabra final. Hay relaciones, agrupaciones, equilibrios, tensiones…

Carme Pinós1

Demostró en todo momento una humildad que no es acorde con la magnitud de sus obras, nos decía que los primeros esquemas son suyos, pero luego viene el equipo al que hay que valorar mucho… Mostrando al final unas nuevas habitaciones en un hotel en Mallorca que a mí me recuerdan, por estar en parte excavadas, el Tiro con Arco. Ella comentaba generosa que había otros proyectos de otros arquitectos anteriores para este hotel y que a ella le parecían adecuados incluso, pero los rebatió la Consejería de Patrimonio y por eso se los encargaron a ella, no por otra cosa…

Los planos de Carme Pinós reflejan esa caligrafía especial, esa locura de direcciones, esa manera de usar los materiales que hace que los hormigones y perfiles sean sinuosos, orgánicos, y que sigan deleitándonos las fuerzas que luchan en su cabeza. En el libro de Josep M. Rovira que publicó Arquia (y del que hemos tomado las citas inicial y final), Carme dice de los dibujos: “antes, cuando no existía el formato digital, preparábamos los paneles para la presentación de los concursos más cuidadosamente.

Ahora todo se resuelve de manera rápida a través del sistema de “cortar y pegar”. Entonces hablábamos muchísimo antes de empezar, estructurábamos los paneles con la mente, tirábamos líneas que nos servían para ordenar los dibujos, los componíamos como si fueran grabados, con un valor en sí mismos, no podíamos equivocarnos, volver a empezar significaba una pérdida de tiempo considerable”1.

Las maquetas de sus concursos siguen teniendo aquella fuerza y dinamismo, aquel tremendo valor artístico que tenían las primeras. Muchas veces las fotos se acumulan fragmentadas como veíamos ya en aquella época dorada (en realidad oxidada o galvanizada). Y todo esto que venimos viendo le ha servido, lógicamente, para recibir multitud de reconocimientos internacionales, encargos en Viena, Francia, Sidney… lo que, como vemos, no ha afectado, para nada, como siempre pasa con los grandes, a su cercana actitud.

Vista de dos páginas del artículo sobre Carme Pinós en conarquitectura 73

NOTAS:

  1. “ENRIC MIRALLES, CARME PINÓS 1983-1990″ en  ENRIC MIRALLES, 1972-2000, a cargo de Josep M. Rovira, Ed. Fundación Caja de Arquitectos 2011, pags. 80-193.
  2. Eva Prats, Josep Mías, Tapia-Figueiras, Elena Rocchi, Joan Callis, Jaime Coll, Isabel Brebbia, Maurici Pla, Albert Ferré, Octavio Mestre… y muchos más.
  3. Era en enero de 2008, y en aquel certamen donde estaríamos cerca de dos mil personas, conferenciaron como si fueran cada una de ellos un Ciudadano Kane: Shigeru Ban, Sergison&Bates, Janina Masojada, Carme Pinós, Alejandro Aravena y Zaha Hadid. Zaha Hadid era ya Pritzker y otros dos, Shigeru Ban y Aravena, lo fueron después.

BIBLIOGRAFIA:

  • CARME PINÓS, Arquitecturas (a cargo de Daniela Colafrancheschi), Ed. Gustavo Gili, Barcelona 2015.
  • CARME PINÓS, An architecture of overlay, (a cargo de Ana Torres, prólogo Rafael Moneo), The Monacelli Press, New York 2004.
  • ENRIC MIRALLES/CARMÉ PINOS, «Obra construida/Built works 1983-1994». El Croquis 30+49 / 50 Omnibus Volume. Ed. EL CROQUIS, S. Lorenzo del Escorial, Madrid 1995.
  • ENRIC MIRALLES, Obras y Proyectos, Ed. Electa, Milano 1996.

Este artículo sobre Carme Pinós está publicado originalmente en conarquitectura 73.

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