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“MONEO, sólo en silencio se oye su luz”, por Rogelio Ruiz

Artículo sobre Rafael Moneo, escrito por Rogelio Ruiz Fernández y publicado originalmente en conarquitectura 59.

Hay premios que honran al laureado y premiados que son los que hacen que un galardón cada vez sea más apreciado. Rafael Moneo es el único español que ha recibido el Pritzker, ha recibido también la medalla del RIBA de los arquitectos ingleses, el Premio Mies Van der Rohe, el Premio Príncipe de Asturias de las Artes…, y por fin ahora el Premio Nacional de Arquitectura. A nadie nos sorprendió; es más, yo creía que ya se lo habían dado.

Es el segundo tudelano, con Sáenz de Oiza, que recibe esta distinción, y me temo que va a ser más famosa la ciudad navarra por sus arquitectos que por los cogollos. Él, Moneo, con esa humildad imposible, con esa educación jesuíta, agradece enormemente haberlo recibido (¿cómo se puede ser modesto con su valía?). Siguiendo con la religión, les invito en estas líneas a recordarlo, como se debe de conocer una persona y especialmente a un arquitecto: por sus obras, aunque él, y mucho, es un arquitecto de palabras también.

“No el mucho saber harta y satisface al ánima, mas el sentir y gustar de las cosas internamente”. San Ignacio de Loyola

Pocos edificios, los cuento con los dedos de una mano, me han producido una impresión tan intensa, conmovedora, trémula, como el Museo Romano de Mérida la primera vez que lo vi. Mi padre me había llevado a Mérida a ver Roma y al llegar, desconocido para mí, aún inédito, se estaba concluyendo el edificio de Rafael Moneo. Al verlo me olvidé de los romanos y corrí hacia adentro para quedar deslumbrado y emocionado por aquellos gigantes arcos de ladrillo acariciados por la luz que, paradójicamente, y no sin intención sopesada, también eran Roma y acababan de nacer.

El edificio emeritense además de los elementos conceptuales como la losa que nos separa de las ruinas y deja avanzar el edificio nuevo, incluye sutilezas proyectuales de una finura y sobriedad sobrecogedoras. Entras, avanzas por un espacio más bajo que te deja al fondo ver esos arcos que te mueres de ganas de alcanzar, pero no puedes llegar a ellos, has de desviarte por una rampa y guardarlos en tu memoria, recordarlos, para más tarde encontrarte con ellos y abrazarlos.

Ya sé: la promenade de Le Corbusier, pero es más cosas, muchas más para quien escucha sus palabras calladas. Mérida es también el ladrillo, preciso, aplantillado para esconder la junta de mortero basto, dejando limpio el material histórico que vemos.

Más tarde, en Palma, en la fundación Miró, cercano al Palacio de Marivent, la inteligente implantación y el remanso conseguido entre el alboroto construido en el entorno, me produjo una sensación inolvidable, dejándote mirar hacia abajo las láminas de agua y el jardín, y filtrando con alabastro las visuales no deseadas, también los encofrados de madera del hormigón…

Me paro aquí para recordar que otros jóvenes arquitectos, como Tuñón y el añorado Mansilla que trabajaron en Mallorca, fueron acompañándole en su estudio pequeño, como él acompañó hace años a Jorn Utzon cuando realizaba la ópera de Sidney, o a Sáenz de Oíza. Moneo desde su mesa de dibujo de madera nos enseña el carácter artesano, trabajoso, cuidado, cercano, próximo a lo inalcanzable para los demás. En Madrid, donde tiene su estudio, nos ha dejado muchas obras.

Atocha (foto 1), cómo no, uniéndose con los materiales a la vieja estación, uniéndose con la forma de la linterna al observatorio de Villanueva, fundiéndose con todo. Bankinter (foto 2) asomándose a la Castellana, donde ya habían sido demolidos tantos palacetes, otra vez con ese ladrillo comedido que habla con el preexistente, esa entrada y ese gesto elegante con el viejo palacio: “pase usted primero caballero” -parece decirte-, “un banco no es sólo dinero”.

La discreción, la sumisión en el completamiento del Banco de España, que gana por un concurso restringido con primeros espadas dejándoles en orsay, planteando rehacer tal como el resto, el trozo que le queda por concluir al Banco. Les invito a localizar la intervención y ver cómo las esculturas, si te paras del hustle and bustle madrileño, van mostrándonos en su sincretismo su actuación.

Me sorprende que no lo haya incluido en su monografía “21 obras”, pero en realidad, y volvemos a la humildad, su actitud contenida que yo valoro tanto y más en un arquitecto como él no implica que sea una obra destacable como aportación suya al progreso de la arquitectura, sino muy destacable y necesaria como actitud ante el patrimonio. Quizá por esto, porque la actitud es modestia también y no vanagloriarse de la propia virtud, la descartó del elenco escogido.

Madrid es también los museos: el Thyssen y la ampliación del Prado (foto 3), me gusta su relación con la ciudad, con una parte muy importante para la capital, pero interiormente a mí me dicen menos: los colores, rosas y fucsias, porque le queremos, queremos que no sean cosa suya; los falsos techos; las escaleras mecánicas… Yo no me he cansado en las interminables de la Alte de Munich… Me parece muy interesante, más tranquilo, el museo de Estocolmo, aunque no lo he podido visitar aún.

También fruto de un concurso, y también desplazando proyectos recargados bajo una propuesta clara y limpia, es el Kursaal en San Sebastián, que he disfrutado incluso desde las olas de la playa de Zurriola, y que me recuerda mucho a una de las propuestas para el auditorio de Oviedo (foto 4). Qué bueno el edificio Urumea, qué curvas cubre la piedra. En Donosti también la iglesia del Iesu de Ribera de Loiolas, con el efecto de luz que se produce con esa cruz que flota sobre ti.

No aparece tan publicada la biblioteca preciosa de la Universidad Católica de Lovaina, que visité y me sorprendió con una fachada a base de curvas cóncavas afuera y convexas hacia dentro (al revés que las viviendas de San Sebastian), muy formal y que, sin embargo, se integra por su escala sin estridencias. Porque si “ladrillo” vamos viendo que es una palabra Moneo, “contexto” es también palabra que define al arquitecto.

El edificio de la Previsión, al lado de la Torre del Oro, por ejemplo, donde el ladrillo toma el color del albero, porque está en Sevilla, y cuando apareció allí parecía que siempre había estado. Hombre, y también al tomar el avión, aunque quizá, en un non lieu tan tecnológico como un aeropuerto yo no hubiera desperdiciado su talento.

Pero claro, se le ponen problemas muy difíciles, cada vez más: las viviendas de Ávila, muy bellas en el detalle pero muy grandes para ciudad y plaza pequeñas. O en escalas tremendas, el edificio de l´Illa de la diagonal, con su amigo el recordado Manuel Sola-Morales. En Barcelona l’Auditori, que él dice que es autónomo en su diseño, en realidad no tiene apoyo de contexto y es algo rígido.

Pero si recordamos en Logroño, ya al principio, en el Ayuntamiento, con aquella plaza triangular de pilares esbeltos, consigue generar él solo más ciudad. La ciudad de Rossi en aquel tiempo. También la casa consistorial de Murcia aparece como un nuevo retablo urbano, en un enclave valioso y complicado. Más reciente, de nuevo, Roma en Cartagena.

En Pamplona, el Archivo de Navarra resulta un poco duro en sus fachadas, nos va indicando, eso sí con una clave: aplacado de piedra vs. fachada ventilada, ventanas horizontales vs. ventanas verticales, lo que es nuevo y lo que forra una ruina, que es en verdad lo que se encontró cuando empezó este proyecto. Muy agradable el claustro.

Y también en Iruña se encuentra el nuevo Museo de la Universidad que recuerda, incluso con los cipreses trasplantados, la obra del mediterráneo que comentamos, pero en un color de hormigón que parece que echa de menos su ladrillo del alma. No obstante, sólo lo vi por fuera, aún en obras. Muchos edificios y un montón de recuerdos.

Rafael Moneo, a quien también y mucho le define la palabra profesor, y teórico, y traductor… (Madrid, Barcelona, Lausanne…), aunque lo haya sido en Harvard, decano de Arquitectura incluso, y Princeton, es un producto claro y destilado de la vieja Europa que te hace estar orgulloso de nuestra civilización.

En Norteamérica me parece más rígida su obra, incluso la Catedral de Los ángeles (que fui a ver tan pronto, en el 1999, y sólo estaba hecha la excavación; eso sí en la Temple Street, de premonitorio nombre), sólo la conozco por fotos, le falta esa sutileza y contención, le falta complicidad con el entorno. En realidad, no tenía preexistencias con las que dialogar, y eso sí lo pude comprobar, aunque ahora tiene un vecino algo ruidoso, el auditorio Walt Disney de otro famoso, Gehry.

También en Basilea, el edificio Novartis de Rafael Moneo se encuentra al lado de las olas de cristal de Frank O. Gehry y yo creo que ambos edificios se ayudan, que se hace más clara la serenísima actitud del navarro. Y en Bilbao, otra biblioteca, con la que Deusto cruza el Nervión, es ésta una obra muy tranquila, incluso fría; más que cubo, cubito de hielo (¡exceptuando en la noche blanca que la han hecho colorista!). Es ésta una obra que se concentra en la resolución de la piel, un continuo de pavés en contraste con el paroxismo de la cercana obra cumbre del americano. Bernini y Borromini.

La mayoría de sus proyectos, los que más me gustan, están relacionados o bien con Universidades o Academia o bien con Museos. El Chace Center School of Design (foto 5), en Rhode Island, a pesar de tener al lado un edificio neoclásico histórico de poca altura, con su pediment and columns, la pieza adquiere una gran potencia y verticalidad ya que en su frente se asoma a un espacio mayor hacia el río, y sólo le concede un retranqueo vertical en la unión con el clásico, es como un volumen metálico que aparece al ir desvistiendo el ladrillo que la rodea. Es, por así decirlo, un proyecto muy americano, precioso y preciso.

La Academia de Artes de Cranbrook (foto 6), elegante expandiéndose en el espacio como la Bauhaus (él lo dice). Americano el museo de Houston (foto 7) con la luz tejana sacando mas partido a los lucernarios de Estocolmo (o de Don Benito en Badajoz, donde ya los uso con sol), y a muchos otros tipos, porque la cubierta acaba siendo como la casa de John Soane, una búsqueda de la luz exacta que se quiere adentro.

O el Wellesley College (foto 8) en Massachusetts que es un proyecto magnífico (donde también se puede tomar como contrapunto demasiado expresionista el Lulu Chow Center de Scogin, Elam pero ya sin Bray). También la torre que se acaba de marcar en Nueva York, que hace ver, en cualquier cometido, su esplendor. (Hay que citar especialmente en USA a su hija Belén Moneo y a Jeff Brock). Pido que entiendan por favor mis apreciaciones, siempre como matices, dentro de un nivel absolutamente excepcional.

GRACIAS MAESTRO

He tenido tres ocasiones de mostrarle personalmente mi aprecio por su obra y señalarle mi admiración y las tres se las debo de agradecer a la Fundación Príncipe de Asturias. La primera fue con ocasión de su Premio, ya que nos dio una clase magistral en la Sala Regia del Palacio del Naranco, donde dijo que siempre se había sentido atado a esta obra de Ramiro I, y fue desgranando el edificio con un saber profundo y discutió amablemente diferentes opiniones con algún especialista local.

La Fundación había promovido además una exposición sobre su obra en el extranjero en el Palacio Revillagigedo de Gijón, básicamente recogiendo lo que luego sería su libro Moneo Internacional, pero el día de la inauguración era tal la cantidad de gente que se concentró en la Colegiata del Palacio y luego en las salas, que hacía imposible el disfrute de una obra que requiere calma y silencio.

Sólo en silencio se oye su luz.

La segunda vez que estuve con él fue cinco días después de esa inauguración con conferencia; estaba acompañado por parte de su familia y feliz, ya que como decimos había recibido dos días antes el Premio Príncipe en Oviedo y se quiso acercar a Gijón a ver, sin gente, cómo había quedado la exposición con el lugar vacío (a nadie se le escapa que es un perfeccionista).

La tercera ocasión que tuve la oportunidad de transmitirle mi admiración fue con motivo del Premio Príncipe de Asturias para Frank Gehry. La Fundación me había encomendado los textos de la exposición de la obra del americano en la Universidad Laboral (From the ground up!). Don Rafael fue en todo momento, en un día difícil y a veces tenso, el perfecto anfitrión del artista de los planos curvados de titanio.

Este día en Gijón, tras una conversación “privada” entre ambos importantes arquitectos ante más de setecientas personas y ya cerca de las diez, parecía que terminaba allí. Pero Don Rafael, que sin duda se encontraba cansado como sugirió en la sala, quiso, para sorpresa de la comitiva, no que le llevaran rápido a cenar o a su hotel, sino que le dejaran ver con más profundidad y en privado la obra de Don Luis Moya (Rafael Moneo fue tutor de la tesis de Antón Capitel sobre La Universidad Laboral).

Y así se dirigió hacia la puerta gigante, tan grande como los arcos de Mérida, que da entrada al gran claustro. Una puerta que fue la primera vez que me parecía pequeña, o en todo caso adecuada a la dignidad de quien, ya de noche, la iba a cruzar, para incansable seguir estudiando. Y no creo que lo hiciera por mucho saber sino, más bien, por sentir y gustar de la Arquitectura internamente…

BIBLIOGRAFÍA

  • MONEO, RAFAEL, Rafael Moneo vol 5 nº 98. Editorial El Croquis, 2000.
  • MONEO, RAFAEL, De la Fundació a la Catedral de L.A. 1990-2002. Ed Fundación Miró y Col´legi Arquitectes Illes Balears.
  • MONEO, RAFAEL, Remarks on 21 works. Ed. The Monaceli Press New York 2010.
  • MONEO, RAFAEL, Apuntes sobre 21 obras. Ed. Gustavo Gili, Barcelona 2010.
  • MONEO, RAFAEL, Portfolio Internacional 1985-2012. Ed Consejo Superior de Arquitectos de España, Madrid 2012.
  • RUIZ, ROGELIO, “Moneo Princeps”, VPOR2. Ed. IVE, Valencia, 2013.
  • RUIZ, ROGELIO, “Sobre una conversación entre Gehry y Moneo con motivo de los Premios Principe de las Artes 2014”, inédito.
Artículo publicado originalmente en conarquitectura 59. Consigue este o cualquier número de la revista en la tienda online.
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