El efecto inmediato del confinamiento fue constatar que podíamos realizar muchas actividades de manera remota gracias a la tecnología. Unas tecnologías sencillas, de videollamadas o de compartir archivos en entornos digitales, que desde hace años estaban disponibles como parte de la transformación digital iniciada a principios de siglo. Lo más relevante es que al vernos obligados a utilizarla, como consecuencia del confinamiento, se utilizó de forma masiva, con lo que se dio un gran salto en la transformación digital pendiente, sobre todo en entornos más corporativos.
Por otro lado, las empresas, en su mayor parte, siguieron en funcionamiento y constataron también que sus empleados y colaboradores no necesitaban de la supervisión y control presencial heredado culturalmente de la era industrial de hace dos siglos. Se derribaron barreras culturales de desconfianza que frenaban la extensión de modelos de trabajo flexible o híbridos ya presentes desde hace años en unas pocas compañías.
La consecuencia de todo ello ha sido la implantación de manera generalizada en todo el mundo de modelos de trabajo flexibles o híbridos. Estos modelos, basados en la capacidad de la tecnología, dan la flexibilidad al empleado o colaborador de realizar su actividad en el lugar y momento que considere más conveniente, ya sea desde la conciliación, la mayor productividad o comodidad.
Como arquitectos en principio esto no tiene por qué preocuparnos, puesto que el espacio no deja de ser necesario. Los espacios corporativos de trabajo pasan de ser un lugar concreto al que obligatoriamente hemos de trasladarnos todos los días en un horario determinado, siguiendo con la tradición industrial de trabajo como lugar donde está la maquinaria, a ser un ecosistema de lugares de libre elección que nosotros elegimos según nuestra conveniencia. Lógicamente las preferencias del trabajador deben respetar la conveniencia de sus compañeros y de la organización para la que trabaja. Se han de llegar a acuerdos.
En este ecosistema de lugares de trabajo, ¿qué papel pasan a tener las oficinas corporativas? Esta es la pregunta que debe hacerse cualquier organización. Según nuestra experiencia en este sector, estamos viendo como las antiguas oficinas se transforman en hubs corporativos, donde las principales funciones es servir como lugares de encuentro, de relación social, de trabajo en equipo y de aprendizaje, puesto que labores más individuales son las que parece podemos realizar en otros lugares más convenientes. Espacios de recarga social y cultural.
El reto con el que nos encontramos los arquitectos especializados en el mundo corporativo es el de hacer las preguntas correctas del para qué y el porqué de ese espacio, cuál el propósito…; en este sentido, nos encontramos ante grandes retos que van más allá de un diseño arquitectónicamente bonito. La exigencia es cada vez mayor, pues las empresas están teniendo grandes problemas para hacer que sus empleados, en este nuevo modelo de flexibilidad, quieran acudir a los espacios corporativos, algo totalmente necesario para las empresas para mantener una cohesión social, un sentido de pertenencia y un aprendizaje no reglado tan necesario.
La arquitectura y el diseño como elemento estratégico y de diferenciación de las organizaciones. Nunca la arquitectura corporativa se ha posicionado en un lugar tan estratégico.

Pero aún hay más: si el contenedor (la arquitectura) es importante, tanto o más lo es el contenido. ¿Qué ocurre en ese espacio? ¿Qué actividades y experiencias impulsamos? El diseño de la experiencia va a ser fundamental para atraer al talento humano, para que abandonen la comodidad de otros lugares y decidan ir al hub corporativo donde las empresas los fidelizan. Así pues, se abre una nueva dimensión de la arquitectura que va más allá del momento creativo en el diseño, a una recomendada asistencia continuada como diseñadores a nuestros clientes para mantener y ajustar de manera continuada la experiencia cambiante que las organizaciones necesitan. Como si de un médico de cabecera se tratara.
Estas demandas pasan por una transformación de la arquitectura y el real estate corporativo. De edificios anodinos de oficinas como grandes contenedores herméticos de “granjas de pollos”, a la recuperación de una arquitectura mucho más orgánica, auténtica, más en contacto con el exterior y con el territorio, más abierta a la comunidad sobre la que se inserta y más sostenible. Para mí, la sostenibilidad va más allá de la tecnología. La tecnología está presente, pero no por ello ha de ser excesivamente visible. Al mismo tiempo, estamos viendo la vuelta a la arquitectura tradicional, aprovechando conceptos como la inercia térmica, las ventilaciones, la humedad natural o las orientaciones. En definitiva, una arquitectura más humana, poniendo a la persona en el centro, no el ego de las empresas.
El trabajo flexible o híbrido, como un nuevo modelo de vida con menos desplazamientos y con un mayor control sobre vuestro tiempo, tiene otras consecuencias en todos los sectores tradicionales de la arquitectura.
Creo en una confluencia cada vez mayor entre los sectores tradicionales, no solo creando edificios de usos mixtos, sino que se adapten y cambien en el tiempo, buscando un uso más intensivo dentro de una sociedad del uso compartido. Lugares para trabajar, descansar, aprender, saludables, sociales…, sin necesidad de grandes desplazamientos. Si me desplazo, es porque me merece la pena, porque voy a vivir una experiencia distinta. Ya vimos durante el confinamiento las ventajas de no desplazarnos, tanto en disponibilidad de más tiempo para nosotros, como en aspectos económicos privados y sobre todo de efecto en la contaminación y derroche energético.
Creo también que no debemos construir más, cada metro cuadrado que demolemos representa una tonelada de residuos, además de la energía consumida en demoler y volver a construir. Europa tiene suficiente superficie construida, lo que debemos es actualizarla no solo a nivel energético, sino en cuanto a contenidos y usos. El consumidor quiere vivir, trabajar, interactuar, divertirse, aprender…, en espacios creados y operados de manera respetuosa con el medioambiente y con la sociedad. Cuando hablamos de ESG, no nos quedemos solo con la E. Regeneremos no solo edificios, sino también barrios o ciudades.

El nuevo modelo de vida flexible, como consecuencia del trabajo flexible, que nos permite tomar más distancia de nuestro trabajo, cambia aspectos como la localización, pone en cuestión zonas tradicionalmente prime por su ubicación y abre oportunidades para regenerar otros lugares del territorio como pueblos o ciudades de menor tamaño.
Consumidores más exigentes, que pasan más tiempo en su casa, que demandan más contacto con el exterior y una comodidad de disponer de una serie de servicios próximos, en lo que en París se habla de la ciudad de los 15 minutos, que tiene grandes similitudes con la ciudad jardín del urbanismo del siglo xix.
Aunque el camino es claro, no es fácil esta transformación para adaptarse a los nuevos modelos de vida. La primera dificultad con la que nos encontramos es la de la Normativa Urbanística anclada en la España del siglo pasado y que hace muy difícil desarrollar proyectos de usos nuevos no contemplados en la reglamentación o incentivar mediante un incremento de edificabilidad determinadas zonas para impulsar su rehabilitación. Por otro lado, los promotores e inversores, muy ligados a seguir haciendo “lo de siempre”, apoyados en una Normativa que conduce a ello, no cambiarán mientras sigan vendiendo sin dificultad más de lo mismo. Aquí los arquitectos tenemos un papel fundamental, como lo ha sido históricamente, de sugerir nuevas alternativas y liderar la transformación.
En residencial, por ejemplo, que ha sido un sector muy tradicional, que no ha evolucionado conceptualmente nada en los últimos 100 años y en el que todavía seguimos con los mismos esquemas de viviendas basadas en una estructura de salón, cocina, dormitorios y baños… El confinamiento nos hizo quedarnos en casa, sufrir la acústica entre habitaciones/vecinos, sufrir por no tener espacio para otras actividades, sufrir por carecer de acceso al exterior… En definitiva, son lugares diseñados para dormir, no para tener una actividad familiar plena. El nuevo modelo de trabajo nos va a hacer utilizar de una manera más intensa nuestras viviendas, que unido a la experiencia del confinamiento ha generado una exigencia mayor por parte de este nuevo consumidor. Creemos que la presión de este nuevo consumidor influirá en poder desarrollar por fin un nuevo concepto de vivienda más acorde con nuestros nuevos modelos de vida. Ya estábamos viendo antes de la pandemia nuevas tipologías de espacio como el coliving, residencias de estudiantes, build to rent…, donde se empezaba a cuestionar un sector tan tradicional como el residencial desarrollando el sector de la “media estancia” trazando un puente entre el sector residencial y el hotelero, además incorporando en muchos casos el sector de espacios de trabajo a través del coworking.
En definitiva, la pandemia ha producido a nivel global una gran oportunidad de cambio, tanto en la manera de vivir de las personas como en desarrollar una sociedad más humana y más sostenible en el tiempo. En este contexto el papel de los arquitectos va a ser determinante y lleno de oportunidades.
Francisco Vázquez Medem
Arquitecto, Emprendedor, Curioso, Ponente, Escritor, Fundador & Presidente, 3g Smart Group
Fotografías:
- La nueva sede de Google en Perú. 3g Smart Group.
- Equipo de negocios en una videoconferencia. Fotografía de Jacoblund/envato.
- Rehabilitación de una antigua vivienda en una oficina en Granada. Javier Castellano Pulido, CUAC Arquitectura y Tomás García Píriz. Fotografía de Fernando Alda.
- La nueva sede de Google en Perú. 3g Smart Group.
- Coworking y HUB de innovación en Endesa. 3g Smart Group.
- Las oficinas de Xiaomi en Perú. 3g Smart Group.
- Coworking Space WayCo, José Costa ARQ. Ruzafa, Valencia. 2020. Fotografía de Mariela Apollonio.